Marc Mayol
Shadow AI: La inteligencia artificial en la sombra que acecha en tu empresa

Shadow AI: La inteligencia artificial en la sombra que acecha en tu empresa

Imagina esta escena: un empleado se atasca con un informe complicado, abre ChatGPT en su móvil personal y copia directamente datos confidenciales de la empresa para que la IA le ayude a redactarlo. Otro compañero, desarrollador de software, pega fragmentos del código fuente propietario en un asistente de programación online para depurar errores. Una comercial traduce una propuesta con información sensible de clientes usando una herramienta gratuita de IA que encontró en internet.

¿Te suena de algo? Pues esto está pasando ahora mismo en miles de empresas españolas, y tiene un nombre: Shadow AI o inteligencia artificial en la sombra.

¿Qué diablos es la Shadow AI?

La Shadow AI es el primo hermano tecnológico del famoso Shadow IT (eso de usar aplicaciones sin que se entere el departamento de informática). Solo que esta vez no hablamos de instalar Dropbox o Slack sin permiso, sino de usar herramientas de inteligencia artificial generativa sin la aprobación ni supervisión de la empresa.

Desde que ChatGPT pegó el pelotazo a finales de 2022, hemos visto una auténtica democratización de la IA. Cualquiera con un navegador puede acceder a asistentes virtuales potentísimos que hace unos años eran ciencia ficción. Y claro, los trabajadores no son tontos: si tienen a mano una herramienta que les ahorra horas de curro, la van a usar. El problema es que lo hacen con sus cuentas personales, desde sus dispositivos particulares, y sin que nadie les haya dicho qué pueden o no pueden meter ahí.

Las cifras son escalofriantes: según Microsoft, el 78% de quienes usan IA en el trabajo lo hacen con herramientas personales al margen de las oficiales. Y más del 90% de las empresas tienen empleados usando chatbots de IA por su cuenta para tareas diarias. Vamos, que esto no es un problema marginal, es la norma.

Los peligros reales (y que dan un poco de yuyu)

Vale, dirás, ¿y qué más da si la gente usa ChatGPT para escribir correos? Pues da bastante, la verdad. Aquí van los riesgos principales:

Fugas de datos que te dejan blanco

Cada vez que alguien pega información de la empresa en una IA pública, esos datos se van a los servidores del proveedor. Y muchas veces esa información se usa para entrenar el modelo, lo que significa que podría aparecer en respuestas a otros usuarios. Imagínate que tu estrategia comercial confidencial o datos de clientes acaben circulando por ahí.

Samsung se llevó un buen susto en 2023 cuando varios ingenieros metieron código fuente propietario y secretos industriales en ChatGPT. Resultado: prohibición temporal de usar estas herramientas y un disgusto considerable. Y no son los únicos: el 20% de las organizaciones reconocen haber sufrido brechas de datos relacionadas con Shadow AI el año pasado.

Líos legales de los gordos

Si tu empresa maneja datos personales (y en España, ¿quién no?), usar IA sin control puede suponer una violación del RGPD. Las multas pueden llegar hasta 20 millones de euros o el 4% de la facturación anual global. No es broma.

Hay un caso de risa que también da escalofríos: dos abogados estadounidenses presentaron ante un tribunal un escrito generado con ChatGPT que citaba sentencias judiciales completamente inventadas. Multa de 5.000 dólares y reputación por los suelos. En España también ha habido casos de abogados presentando querellas con referencias legislativas equivocadas porque confiaron ciegamente en la IA.

Malware y vulnerabilidades de seguridad

No todas las herramientas de IA que circulan por internet son lo que parecen. Algunas pueden ser falsas y estar diseñadas específicamente para robar información o contener malware. Y aunque la herramienta sea legítima, si es hackeada, todos los que la usan quedan expuestos.

Decisiones basadas en información errónea

Las IAs pueden “alucinar” (inventarse datos), tener sesgos o simplemente dar respuestas incorrectas. Si un empleado toma decisiones estratégicas basándose en lo que le dice un chatbot sin verificarlo, el estropicio puede ser considerable. Incluso ha habido casos de agentes de IA que, al tener acceso a bases de datos, han borrado información de producción por error. Catastrófico, vamos.

El golpe reputacional

Cuando se filtra que una empresa gestiona mal los datos o usa IA de forma poco transparente, la confianza se evapora. Sports Illustrated sufrió un escándalo tremendo cuando se descubrió que publicaban artículos escritos completamente por IA con autores ficticios. Uber Eats también recibió críticas por usar imágenes de comida generadas por IA en lugar de fotos reales. El público no perdona estas cosas.

¿Por qué lo hacen los empleados?

Antes de crucificar a nadie, conviene entender las razones. Los empleados no usan estas herramientas para fastidiar:

  • Productividad brutal: Una IA puede resumir un documento de 50 páginas en dos minutos o generar código que a mano llevaría horas. Es tentador.

  • Innovación ágil: Probar una herramienta nueva es cuestión de segundos, sin pasar por largos procesos de aprobación corporativa.

  • Soluciones inmediatas: Si estás atascado con un problema y un chatbot te da la respuesta al instante, ¿vas a esperar días a que TI evalúe la herramienta?

  • Falta de alternativas oficiales: Muchas empresas simplemente no ofrecen opciones aprobadas. Si la compañía no tiene una política clara o herramientas equivalentes, el empleado se busca la vida.

El problema de fondo es que la tecnología va más rápido que las organizaciones. Las empresas no se adaptaron a tiempo al boom de la IA generativa, y los empleados cubrieron ese vacío por su cuenta.

¿Qué sectores están en el ojo del huracán?

Aunque ninguna empresa es inmune, los sectores más jodidos son los altamente regulados: sanidad, banca, seguros, despachos de abogados, administraciones públicas y defensa. Ahí se manejan datos tan sensibles que cualquier desliz puede ser catastrófico.

Pero ojo, que el resto tampoco puede relajarse. Desde empresas tecnológicas hasta pequeños negocios, todo el que use ordenadores tiene este problema. La diferencia está en la gravedad del impacto: filtrar historiales médicos no es lo mismo que filtrar el borrador de una campaña de marketing, pero ambos casos son preocupantes.

Cómo plantar cara a la Shadow AI

La buena noticia es que hay solución. No se trata de prohibir todo y punto, sino de gestionar el uso de IA de forma inteligente:

1. Políticas claras y sin ambigüedades

Hay que establecer qué herramientas están permitidas, cuáles prohibidas y qué tipo de información nunca debe introducirse en sistemas externos. Sin un marco claro, cada uno hace lo que le viene en gana.

2. Nada de prohibiciones absolutas

Vetar todas las IAs es contraproducente. Los empleados seguirán usándolas a escondidas, y la empresa perderá visibilidad total. Es mejor canalizar el uso con normas sensatas que intentar tapar el sol con un dedo.

3. Ofrecer alternativas seguras

Si prohibes ChatGPT pero no das ninguna opción equivalente, es normal que la gente se salte las normas. La empresa debería proporcionar herramientas corporativas de IA (hay versiones empresariales de ChatGPT, Copilot de Microsoft, etc.) que cumplan con los estándares de seguridad.

4. Formación y concienciación

Los empleados tienen que entender los riesgos reales, no solo recibir un correo amenazante de TI. Casos reales, ejemplos concretos y explicaciones claras funcionan mucho mejor que el miedo abstracto.

5. Monitorización tecnológica

Implementar sistemas que detecten el uso de IAs no autorizadas en la red corporativa, similar a como se hace con el Shadow IT. No se trata de espiar, sino de proteger datos sensibles.

6. Revisión y actualización continua

El mundo de la IA cambia cada mes. Las políticas tienen que actualizarse constantemente, evaluando nuevas herramientas y adaptándose a nuevas normativas.

Conclusión: luz en la oscuridad

La Shadow AI no es un bicho raro ni una moda pasajera. Es una realidad extendida que refleja el choque entre la velocidad de la innovación tecnológica y la capacidad de adaptación corporativa. Los empleados quieren trabajar mejor y más rápido, y la IA se lo permite. El problema surge cuando esa búsqueda de eficiencia pone en riesgo datos, cumplimiento legal y reputación empresarial.

La solución no pasa por la represión, sino por la gestión inteligente. Las empresas que logren integrar la IA de forma segura, con políticas claras, herramientas aprobadas y una cultura de transparencia, no solo evitarán los riesgos sino que obtendrán ventajas competitivas enormes.

Al final, se trata de sacar la inteligencia artificial de la sombra y convertirla en una aliada oficial. Con luz verde, controles adecuados y todas las garantías necesarias. Porque la IA ha llegado para quedarse, y más vale que aprendamos a convivir con ella sin sustos.


FAGS

¿Qué es exactamente la Shadow AI?

Es el uso de herramientas de inteligencia artificial (como ChatGPT, Claude o Copilot) por parte de empleados sin la aprobación ni supervisión del departamento de TI. Similar al Shadow IT, pero específico de IA generativa.

¿Es realmente tan común en las empresas?

Sí, según Microsoft el 78% de quienes usan IA en el trabajo lo hacen con herramientas personales no autorizadas. Más del 90% de las empresas tienen empleados usando chatbots de IA por su cuenta.

¿Cuáles son los riesgos principales para mi empresa?

Fugas de datos confidenciales, multas por incumplimiento del RGPD (hasta 20 millones € o 4% facturación), vulnerabilidades de seguridad, decisiones erróneas basadas en información incorrecta y daño reputacional grave.

¿Debo prohibir completamente el uso de IA en mi empresa?

No es recomendable. Las prohibiciones absolutas hacen que los empleados usen estas herramientas a escondidas, perdiendo visibilidad total. Es mejor establecer políticas claras y ofrecer alternativas seguras y aprobadas.

¿Qué sectores están más expuestos a Shadow AI?

Los sectores altamente regulados como sanidad, banca, seguros, despachos de abogados y administraciones públicas son los más vulnerables por manejar datos extremadamente sensibles. Pero ningún sector es inmune.

¿Cómo puedo detectar si hay Shadow AI en mi organización?

Mediante herramientas de monitorización de red que detecten llamadas a servicios de IA, revisión de logs de navegación, sistemas DLP configurados para identificar envíos de datos a chatbots y auditorías de extensiones de navegador instaladas.

¿Qué alternativas seguras puedo ofrecer a mis empleados?

Versiones empresariales de herramientas populares (ChatGPT Enterprise, Microsoft Copilot for Business), modelos de IA internos desplegados en tu infraestructura o integraciones de IA en suites corporativas con controles de seguridad.

¿Es legal que los empleados usen ChatGPT con datos de la empresa?

Depende del tipo de datos. Introducir datos personales de clientes en servicios públicos de IA puede violar el RGPD y otras normativas de protección de datos, exponiendo a la empresa a sanciones millonarias.

¿Cómo concienciar a mi equipo sobre estos riesgos?

Mediante formación específica con casos reales, políticas claras y comprensibles, estableciendo canales de comunicación abiertos donde puedan consultar dudas y fomentando una cultura de transparencia en lugar de represión.

¿Necesito actualizar constantemente mi política de IA?

Sí, es fundamental. El mundo de la IA evoluciona mensualmente con nuevas herramientas y capacidades. Las políticas deben revisarse cada 6-12 meses y adaptarse a nuevas normativas como el futuro AI Act europeo.